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Las Harpías del Edén |
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ABAEL
(octubre de 1992)
La decepción y el cáncer de toda la tormenta, es el espíritu de la
turbación, el oscurantismo más absoluto, la matriz del ocultismo, y la
nigromancia demonial. Sangre espantosa en el altar, la escisión y la
herejía, el abismo que ahoga la voluntad, entre lesbianas surgía.
Tendencias perversas y atroces, carnicería brota de su sonrisa, y su
revolución subliminal, se hincha y gangrena las salidas. No se subyuga a
la clavícula, y sus hondas se componen de esquizofrenia y masonería.
Protervo el mal y sus peores signos, aquellos servidores malignos, se
alimentan del mito de las tumbas, y su espíritu oscuro y pérfido, pudre
las mejillas de este monstruo. Los restos del pacto y del sacrificio, en
medio de ceremonias bestiales, la causa y el perdón sin odio, los
transforma a la invocación del más malsano oprobio. Llagas y enfermedades
de espíritu, tempestades inflamadas por el vicio de la humanidad. Caído
del imperio celeste, y del impacto del exorcismo, su poder se basa en el
desprecio y otorga amuletos para el nihilismo. Materialismo, consumismo,
empezar a empañar tu alma, el precipicio al caer, envilece tu débil aura.
Gemidos entre cuernos y blasfemias, los ateos prolongan el abismo, lo que
sueña y preña la conciencia es la carroña del credo en uno mismo. Nuestra
historia está en derrota, muertos y profetas del cataclismo, nos llevan a
su presencia, con miedo y horror de parálisis. Ciega es la entrega de sus
servidores, es el sistema de la ideología demonial, se expande por las
piernas del vacío y consólida su práctica entre suicidios, Destrucción y
venenos de holocausto, la ofensiva siniestra se da en su servicio, una
legión de malditos entre la duda, rey y guía de la dominación, el
fascinador de la perversión, pocos conocen su infausto plan, y cercano
final espera a la humanidad. Pecados que fermentan pestilencia en piel,
gemas de la diadema de Abael.
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